Estos días han estado llenos de interrogantes, de verdad que a veces no entiendo que puta mierda quiere la vida de mí.
Resumen de mi semana:
1. La vida es paseo muy corto como para no disfrutarlo.
2. A las mujeres nos gustan los amores imposibles. O sea, los príncipes azules están ocupados o lejos.
3. Si una piensa mucho todo se convierte en huracán.
4. Las hormonas nos juegan malas pasadas.
5. Querer a veces es una mierda.
6. La soltería es un estado maravilloso, estar enamorada (o) también.
7. ¡En el mar la vida es más sabrosa! (¡ohhhh recuerdos!)
8. Las (os) amigas (os) son una bendición.
9. El ejercicio es la medicina a todo mal. 10. La vida es paseo muy corto como para no disfrutarlo.
"Cuando Florentino Ariza la vio por primera vez, su madre lo había descubierto desde antes de que él se lo contara, porque perdió el habla y el apetito y se pasaba las noches en claro dando vueltas en la cama. Pero cuando empezó a esperar la respuesta a su primera carta, la ansiedad se le complicó con cagantinas y vómitos verdes, perdió el sentido de la orientación y sufría desmayos repentinos, y su madre se aterrorizó porque su estado no se parecía a los desórdenes del amor sino a los estragos del cólera. El padrino de Florentino Ariza, un anciano homeópata que había sido el confidente de Tránsito Ariza desde sus tiempos de amante escondida, se alarmó también a primera vista con el estado del enfermo, porque tenía el pulso tenue, la respiración arenosa y los sudores pálidos de los moribundos. Pero el examen le reveló que no tenía fiebre, ni dolor en ninguna parte, y lo único concreto que sentía era una necesidad urgente de morir. Le bastó con un interrogatorio insidioso, primero a él y después a la madre, para comprobar una vez más que los síntomas del amor son los mismos del cólera."
Puede que no sea falta de amor, ni falta de ternura, ni de placer, ni de tacto, ni de palabras. En realidad es la sobra de caminos, caminos que separan a las personas; No se sabe ni cómo, ni cuándo.
Tal vez todo esto fue un error. Te lo contaré cuando tenga 40, cuando lleguen a mi tus aromas y tus texturas, cuando me haga falta dormir a tu costado -como probablemente será en los siguientes 15 años-, cuando ya no tenga contactos en mi celular para llamar y contarles mis alegrías, cuando comience a olvidar tu estatura y tu anchura, cuando deje de darme gracia recordar tu cara amargada. Quizá puede que la historia sea distinta y nada sea un error.