sábado, 30 de noviembre de 2013

Bien decir

Somos parte de una trama energética, lo que hacemos incide en la configuración del medio que nos rodea. Las vibraciones que emitimos van moldeando nuestra realidad.
Por esto es tan importante bendecir, que no es otra cosa que “hablar bien”.
Cada palabra tiene una vibración específica y va a asociada a un sentimiento y pensamientos determinados. Al final son distintas formas de manifestación de energía, pero es esa energía creadora la que le da forma a nuestro mundo.
Somos responsables de lo que decimos. Bien nos haría tener presente el poder de estas sutiles herramientas de construcción. Las palabras no son la realidad, pero le dan forma.
La próxima vez que abramos la boca para decir algo, procuremos recordar que aquel inofensivo conjunto de letras puede hacernos vivir un sueño o cavar nuestra tumba.
Tú decides.
Nicolás Tamayo
A pesar de esto
A pesar de nada.

Que lo estoy queriendo.

Ese irremediable abismo

de sus labios abiertos al cielo.




viernes, 29 de noviembre de 2013

REFLEXIONANDO

Estos días han estado llenos de interrogantes, de verdad que a veces no entiendo que puta mierda quiere la vida de mí.

Resumen de mi semana:

1. La vida es paseo muy corto como para no disfrutarlo.
2. A las mujeres nos gustan los amores imposibles. O sea, los príncipes azules están ocupados o lejos.

3. Si una piensa mucho todo se convierte en huracán.
4. Las hormonas nos juegan malas pasadas.
5. Querer a veces es una mierda.
6. La soltería es un estado maravilloso, estar enamorada (o) también.
7. ¡En el mar la vida es más sabrosa! (¡ohhhh recuerdos!)
8. Las (os) amigas (os) son una bendición.
9. El ejercicio es la medicina a todo mal.
10. La vida es paseo muy corto como para no disfrutarlo.



jueves, 28 de noviembre de 2013

AMOR I

Así se explica muchas veces el amor:

"Cuando Florentino Ariza la vio por primera vez, su madre lo había descubierto desde antes de que él se lo contara, porque perdió el habla y el apetito y se pasaba las noches en claro dando vueltas en la cama. Pero cuando empezó a esperar la respuesta a su primera carta, la ansiedad se le complicó con cagantinas y vómitos verdes, perdió el sentido de la orientación y sufría desmayos repentinos, y su madre se aterrorizó porque su estado no se parecía a los desórdenes del amor sino a los estragos del cólera. El padrino de Florentino Ariza, un anciano homeópata que había sido el confidente de Tránsito Ariza desde sus tiempos de amante escondida, se alarmó también a primera vista con el estado del enfermo, porque tenía el pulso tenue, la respiración arenosa y los sudores pálidos de los moribundos. Pero el examen le reveló que no tenía fiebre, ni dolor en ninguna parte, y lo único concreto que sentía era una necesidad urgente de morir. Le bastó con un interrogatorio insidioso, primero a él y después a la madre, para comprobar una vez más que los síntomas del amor son los mismos del cólera."

El amor en los tiempos del cólera
Gabriel García Márquez